“Echo de menos un carácter
más coercitivo en las leyes de Igualdad”
Autor:
María Arroyo / Bilbao
Publicado el
25/06/2010 0:00:00
Josu Bergara (Sestao, 1978) lleva más de un año al frente de la Dirección General de Igualdad y Derechos Ciudadanos de la Diputación Foral de Bizkaia, una labor que define como “muy enriquecedora y satisfactoria porque, al final del camino, lo que hago es contribuir a construir una sociedad más justa e igualitaria”.
Le ha tocado lidiar con un momento complicado. ¿La crisis ha hecho que la lucha por la igualdad y la solidaridad pasen a segundo plano?
La ciudadanía en su conjunto está haciendo sacrificios con motivo de la crisis, pero la Diputación Foral de Bizkaia si algo ha tenido claro es que, precisamente por ser tiempos difíciles, las personas más necesitadas son las que menos deben sufrir las consecuencias de los ajustes. Además, la experiencia de los países nórdicos demuestra que las sociedades igualitarias son más innovadoras económica y culturalmente. Y que, por ello, se encuentran mejor preparadas para hacer frente a las crisis.
¿Qué acciones realizan desde la Dirección de Igualdad?
Es una Dirección muy amplia desde la que abordamos tres grandes campos: las políticas de género, la cooperación al desarrollo y los derechos ciudadanos. Y lo hacemos tanto para dentro, coordinándonos con los otros departamentos para que los servicios de la Diputación Foral sean respetuosos de las diversidades sociales, como para fuera: apoyando a las asociaciones y a los ayuntamientos en sus programas de atención y sensibilización sobre la igualdad y los derechos ciudadanos.
¿Cuáles son sus objetivos como Director de Igualdad y Derechos Humanos?
Si tengo que retener sólo uno por cada campo de acción, mi primer objetivo es el de entusiasmar a los hombres a que actúen por la igualdad y a que ejerzan su derecho a cuidar de sus seres queridos. El segundo, mejorar el impacto de la cooperación descentralizada y, el tercero, visibilizar las discriminaciones de las que son víctimas lesbianas, homosexuales, transexuales y transgéneros.
¿Y cómo ve a las empresas vizcaínas en materia de igualdad entre mujeres y hombres?
La legislación obliga a las empresas con más de 250 personas empleadas a elaborar planes de igualdad. No obstante, la red empresarial de Bizkaia la forman más bien las pymes, que no se ven implicadas por esta obligatoriedad. Ello no es óbice para que las empresas vayan incorporando criterios de igualdad como oportunidades de mejora, de competitividad y de eficacia en su gestión (en la selección, promoción, conciliación etc.) Creo que las empresas que abordan este camino tienen mejores oportunidades en tiempos de crisis como éstos.
¿Cómo ve entonces la Ley de Igualdad? ¿Está sirviendo para algo?
La ley de Igualdad aprobada en el Parlamento Vasco data de 2005 y la estatal es de 2007. Son grandes instrumentos para la consecución de la igualdad. En estos días, por ejemplo, estamos estudiando el impacto de la Ley a nivel municipal y hemos constatado el impulso que ha supuesto en la adopción de planes de igualdad en los ayuntamientos de Bizkaia. Echo de menos un carácter más coercitivo en la Ley, unas posibilidades más expresas y mejor construidas de sanción ante las discriminaciones, pero es sin duda un gran avance.
¿Son las leyes, por lo tanto, la solución?
Las leyes son una herramienta, una gran herramienta, porque son necesarias para avanzar en el camino de la igualdad. Pero no son suficientes. La tarea de lograr la igualdad efectiva es multidisciplinar y se refiere a todos los órdenes de la vida. Estamos hablando de cambiar un modelo de sociedad por otro y para ello necesitamos leyes, pero no lo podemos hacer sólo con ellas.
Aún se ven muchos casos de discriminación: despidos por embarazo, selecciones de personal sexistas… ¿Qué hay que hacer para solucionar ésto?
Estas discriminaciones son un reflejo de que la igualdad formal, es decir, la garantizada por la Ley, no se ha conseguido de manera efectiva. Por ello hay que actuar con rigor, denunciando las discriminaciones y castigándolas. Pero también hay que informar, trasladando al empresariado que la contratación de una mujer no es un problema.
Tampoco estamos consiguiendo romper los famosos techos de cristal…
Es otro ejemplo más. Por ello aún tenemos que acudir a medidas de acción positiva como las cuotas y provocar con ellas la ruptura tanto del techo de cristal como de la segregación horizontal. Aún hay profesiones y actividades masculinizadas o feminizadas -éstas últimas suelen ser además profesiones con menor reconocimiento- y las cuotas nos ayudan a romper inercias, nos ayudan a generar cambios.
¿Qué hay que hacer para llegar al cambio cultural? Todavía nos guiamos por roles machistas…
Es indiscutible que nuestra sociedad es todavía patriarcal y androcéntrica. Y esto hace perpetuar las discriminaciones hacia las mujeres. Ello es más grave aún cuando seguimos encontrándonos con mujeres que sufren violencia y más desesperanzador cuando comprobamos que los roles se reproducen en la infancia y juventud de hoy en día.
Hay que actuar en todos los órdenes de la vida: en la educación, en los medios de comunicación, en las empresas, en las administraciones, en las familias…. Cada cual tiene su parte de responsabilidad.